Este es el primero de una serie de artículos introductorios, destinados
a los usuarios menos experimentados que desean saber más
acerca de los distintos productos de seguridad informática disponibles
actualmente.
A otros lectores también les interesará su contenido, a modo de compendio,
actualización y revisión
de diversa información que frecuentemente se encuentra agrupada de
forma dispar y desordenada.
El objetivo de este ciclo, es brindar una visión general
y ordenada acerca de los distintos tipos de soluciones de seguridad
que existen hoy día. Mencionaremos los usos y prestaciones principales
de cada una de ellas, y también sus limitaciones
e inconvenientes.
En este primer artículo analizaremos las aplicaciones cortafuegos.
Estas, junto con las soluciones antivirus, son un componente
esencial para la seguridad informática.
La tarea principal del cortafuegos es evitar que se establezcan conexiones
no deseadas o maliciosas entre su ordenador y una red, generalmente
Internet.
La forma de actuar de un cortafuegos es análoga a la de un
guardián que vigila la puerta de un edificio: permite la entrada
y la salida de las personas autorizadas (tráfico
de red), y bloquea el acceso de individuos sospechosos (conexiones
maliciosas o no permitidas).
Para determinar quién entrará o saldrá
libremente, y quién no
tendrá este
permiso, el guardián respeta las órdenes
establecidas por su jefe (que representa
al usuario del ordenador).
Cada vez que detecte alguna situación extraña
(por ejemplo, visitantes con un número de identificación desconocido),
el encargado de seguridad solicitará y esperará nuevas instrucciones.
El cortafuegos es considerado como un elemento de seguridad esencial,
ya que ayuda a bloquear las amenazas desconocidas, denegándoles el
acceso a la red.
Los cortafuegos trabajan de forma proactiva: detienen las conexiones
sospechosas, solicitan la decisión del usuario y solo permitirán
el acceso de aquellas conexiones que este haya definido como confiables.
Al bloquear la entrada a la red, los cortafuegos cierran la ruta
de propagación principal de las aplicaciones maliciosas: Internet.
La mayoría de las amenazas actuales, como troyanos, botnets,
gusanos informáticos y otros programas maliciosos, utilizan
Internet para diseminarse y para transmitir la información personal
de las víctimas, a individuos o entidades no autorizadas.
Los cortafuegos tienen la habilidad de ocultar la presencia de un
ordenador en Internet, para que los piratas informáticos
no puedan detectar ni atacar las máquinas vulnerables.
Algunos cortafuegos avanzados también incorporan
una lista de ataques e intrusiones conocidas, impidiendo de forma
automática
su entrada al ordenador.
Los cortafuegos también pueden utilizarse para
controlar el intercambio de información dentro de las redes
internas (tales como una red doméstica
o la red de área local de una oficina).
Esto asegura que los datos
se enviarán
al receptor designado, evitando así las intrusiones
internas y los ataques intermediarios (conocidos en inglés como man-in-the-middle).
Los cortafuegos monitorizan y controlan
el tráfico en ambas direcciones. Los datos recibidos por la
red se conocen como datos entrantes, mientras que aquellos que son
enviados fuera de ella se denominan datos salientes.
Aunque la mayoría de las amenazas
actuales son consecuencia de fallas en la protección de la información
saliente, es muy importante controlar las dos direcciones de la transmisión.
Algunos cortafuegos básicos, incluyendo aquellos integrados
en Windows Vista y Windows XP, no monitorizan de forma predeterminada
las conexiones salientes, sino que deben ser específicamente
configurados para activar este tipo de protección.
A diferencia de las aplicaciones típicas contra códigos
maliciosos, los cortafuegos no se basan en el análisis de firmas.
Esto significa que para identificar y bloquear una amenaza,
no necesitan compararla con una muestra conocida de la misma. En
lugar de esto, le preguntan al usuario si desea permitir
que un programa determinado se conecte o no a la red.
Para la mayoría de los usuarios, este es el problema más complicado
al utilizar una aplicación cortafuegos.
Muchos de ellos, no cuentan con los conocimientos
necesarios
para tomar esta decisión.
La razón principal, es que no están familiarizados con
los detalles específicos de las redes, o del funcionamiento
interno de los sistemas operativos. En consecuencia, no pueden darle
una respuesta fundamentada a la pregunta planteada por el cortafuegos.
En cierto sentido, entonces, el cortafuegos solo será seguro
si el usuario cuenta con la competencia necesaria para responder
estas preguntas.
Llegado el caso de que el usuario responda incorrectamente y permita,
sin advertirlo, que un troyano acceda al sistema, el cortafuegos
simplemente habrá hecho lo que se le ordenó: permitir
la entrada de este programa malicioso en particular.
En un intento por solucionar esta situación, la mayoría
de los cortafuegos ahora incluyen una “lista blanca” de
servicios del sistema y aplicaciones confiables, que tendrán
garantizado el acceso a la red, sin realizar consulta alguna.
Para que el usuario comprenda mejor cada actividad que se lleva a
cabo, y ayudarlo a tomar la decisión
correcta a la hora de configurar los permisos de acceso, algunos
cortafuegos también incorporan un sistema de asesoramiento
según
el contexto, y consejos en tiempo real durante este proceso.
Con el fin de gestionar correctamente
la actividad de red de la mayoría de las aplicaciones habilitadas
para conectarse a Internet, que no estén incluidas en la lista
blanca, algunos cortafuegos sofisticados
(incluyendo Outpost Firewall Pro y Zone Alarm) trabajan con bases
de datos en línea, que se actualizan continuamente. Estas bases
contienen la lista de programas legítimos y de las aplicaciones maliciosas
conocidas, y se descargan a intervalos regulares. Este método, minimiza
la cantidad de preguntas que los usuarios deberán
responder para mantener un nivel de protección adecuado.
Sin embargo, es cierto que ningún sistema es perfecto,
y no todas las aplicaciones estarán incluidas en las listas de cada
desarrollador.
Por este motivo,
los usuarios siempre tendrán que responder por su cuenta
algunas preguntas.
Como podemos ver, los cortafuegos pocas veces son filtros de tráfico
claramente definidos.
Actualmente, muchos incluyen funciones adicionales, tales como:
-
Sistemas de prevención de intrusos (HIPS,
Host Intrusion Prevention Systems) para controlar las interacciones
y la actividad de las aplicaciones locales.
-
Herramientas de control parental.
-
Controles para una navegación segura.
-
Monitorización
avanzada de las conexiones y los sistemas de registro.
También cuentan con distintas medidas de protección, que merecen un análisis
específico para describirlas en detalle.